Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo

Estudiar Física en la Universidad Michoacana

04-04-2019
UMSNH

No hay nada más lejano de la realidad que la concepción popular que se tiene de los que se dedican a las llamadas “ciencias duras”. Un estigma que resulta casi cómico por la percepción de la sociedad hacia aquellos estudiosos, a quienes se ve como “ratones de biblioteca” o “ o esclavos de los laboratorios”. Asociados con personajes de historietas, calculadoras humanas que realizan operaciones matemáticas tan increíblemente complejas como absurdas. Es casi cotidiano para un estudiante de Física y Matemáticas que cuando se presenta en una reunión, resulta ser el centro de atención por unos instantes, tristemente breves, por cierto. Te presento a Fulanito, estudia Física esa sola frase, que en algún momento creyó serviría para presumir a su amigo “genio” y ser el centro de la fiesta, se transforma casi de inmediato en una lluvia de comentarios del tipo: ¡Que complicado!, Todo un cerebrito, ¿Crees que el hombre fue a la Luna de verdad?, entre otras tantas preguntas que todo mundo, ya sea por iniciar una charla o por un genuino interés, le lanza al nuevo integrante en la reunión.

Hay una pregunta que no puede faltar, es de rigor y es aquella que de alguna extraña manera, los que no están familiarizados con la vida científica lanzan a todo aquel que acaba de ser introducido como estudiante o profesional de la Física o las Matemáticas: A ver, ¿Cuánto es 2 por la raíz cúbica de 3 millones 950 mil 325 punto 99999…? Como si la habilidad para realizar operaciones de forma rápida y precisa fuera el denominador común y último fin de aquellos que le han consagrado su tiempo al estudio y búsqueda del entendimiento de estas disciplinas.  Los Físicos tienen vida, son seres humanos de carne y hueso. Si lo que buscan es un espectáculo de cálculo mental seguramente no es un buen lugar para encontrarlo.

La imagen que se ha popularizado del “Nerd” desaliñado, hostil, burlón, ingenuo, bonachón, torpe, de dientes saltones, camisas con portaplumas, pantalones de talla corta, zapatos de una moda desconocida (pero seguramente ya pasada), pelo relamido, lentes de alta graduación, ermitaño, sin amigos, libreta bajo un brazo y una calculadora en el otro, está muy alejada de la verdadera imágen de un estudiante de Física y matemáticas. Los Físicos son personas con una vida social activa, sensibles, rodeados de amigos, que también buscan divertirse con cosas sencillas, les gusta bailar, enamorarse, practicar algún deporte, con sueños y también con problemas, realmente no son diferentes de otras personas, lo que los hace diferente es que han decidido dedicar su vida profesional a la ciencia. Cromodinámica cuántica, magnetohidrodinámica, rayos cósmicos, redes neuronales, son algunos de los temas que estudian los Físicos, ¿por qué les apasionan estos temas?, ¿por qué les quita el sueño por las noches?, es una cuestión personal, es una sensación como la del enamoramiento: Mariposas en el estómago, muchos tendrán que reflexionar un tiempo antes de responder la pregunta: ¿Por qué te gusta lo que haces?, y no necesariamente es porque se desconozca la respuesta sino porque lo que no se sabe es cómo contestar la pregunta, regularmente resulta tan subjetiva, abstracta e íntima, que difícilmente habrá una respuesta satisfactoria, tanto para quien pregunta como para quien responde.

Lo tópicos que abordan de manera cotidiana los Físicos, dada su naturaleza, requieren de un grado de abstracción cada vez más ajeno al ciudadano promedio. Sin embargo, existen personas que han encontrado la belleza en las ecuaciones, han aprendido a disfrutar dialogando con el lenguaje de los números y buscan de alguna manera, con su conocimiento, aportar en retribución algo a la sociedad y de ser posible al conocimiento, en la medida de sus posibilidades.
La idea del “científico arrogante”; que se cree superior a todos los que lo rodean, es también equivocada, con esto no quiero decir que no exista, por supuesto que los hay y, como en todas las disciplinas del conocimiento, corrijo, en cualquier sociedad y cultura, hay muchos petulantes, pero son los menos.

Es curioso ver que con el paso del tiempo y conforme el nivel académico y las exigencias profesionales avanzan el grado de conciencia sobre lo que se cree que se sabe y lo que realmente se sabe, también evoluciona, es decir, entre más se estudia más se percata de lo mucho que se ignora. De tal manera que mientras estudian un posgrado se muestra un panorama cada vez más amplio, diverso y atractivo. Los días en el mundo de la academia resultan rutinarios: llegar temprano, preparar un café, sentarse a leer correos, contestar correos, leer material de la tesis/artículo, escribir alguna idea… Nuevamente café, luego un seminario, intercambio de ideas con los compañeros y profesores, ir a comer, regresar y revisar redes sociales, más café, platicar de nuevo con los compañeros de cubículo, regresar al escritorio y avanzar en las tareas, preparar una presentación, más café, finalmente es de noche y hay que salir. Así durante 2 o 4 años, o toda una vida. Pareciera ser todo lo contrario a lo que he venido escribiendo aquí, sin embargo, entre café y café hubo una charla sobre el último episodio de la última temporada de una serie de televisión. Se pusieron de acuerdo entre amigos para ir el fin de semana a practicar senderismo. En la hora de la comida, una escapada para visitar a aquella persona especial y robarle un par de minutos, al salir del Instituto decidir tomar una desviación y misteriosamente aparecer en el cine para ver la última función de aquella película de estreno, eso sí, ya al final y después de haber cenado copiosamente, aparece esa sensación terrible, abominable: “Sentido de culpa”. Ese artículo que debía de leerse, ese problema que necesitaba resolverse, se quedan sin lectura y sin solución, hasta el día siguiente, cuando inicie la rutina.